Justo en el momento en que estiró los brazos recordó
que no había comprado desodorante. ¡Qué torpeza la mía!, se reprochó Roberto.
¡Siempre el mismo distraído! Imaginó que en un rato, después de ducharse no
tendría desodorante que ponerse. Se sintió incómodo con eso. De pronto, reparó
en que sus manos no habían apretado las de su compañero. Por eso, Nicolás se
alejaba vertiginosamente con los brazos extendidos, las palmas de las manos abiertas
y con un gesto de horror en el rostro. Nuevamente, Roberto se lamentó por ser tan
distraído mientras lo miraba alejarse, cayendo a la arena del circo. Ahora,
además del desodorante tendría que comprar flores, pensó todavía columpiándose
en el trapecio.
miércoles, 1 de junio de 2016
miércoles, 13 de abril de 2016
Cinco esquinas, el nuevo libro de Mario Vargas Llosa
La nueva novela de
Vargas Llosa expone el uso de la prensa amarilla como arma para desacreditar a
los enemigos políticos del régimen de Alberto Fujimori, quien gobernó Perú
durante diez años. La historia se centra en el último período de la dictadura de
Fujimori en la cual, además de los desmanes propios del gobierno de facto, eran
comunes los secuestros y atentados de los grupos armados Sendero Luminoso y el
Movimiento Revolucionario Túpac Amaru. La novela fluye con naturalidad entre
las disímiles situaciones de los personajes que representan los distintos
estamentos sociales del Perú. Desde el poderoso empresario del sector minero
hasta la pobretona vida de un ex-recitador que vio arruinada su carrera como
actor cómico por una serie de artículos periodísticos descalificadores.
La raíz del conflicto es
una inesperada visita al despacho del ingeniero Enrique Cárdenas, dueño de
una de las mayores empresas de explotación minera.
“- Me presento –dijo por
fin el personajillo-. Rolando Garro, periodista de toda la vida. Dirijo el
semanario Destapes.” Una revista con
un “relativo éxito de ventas, que casi no tenía publicidad, de modo que Garro
completaba sus ingresos personales extorsionando a vedettes y productores con
amenazas de denunciar sus pecadillos secretos, y a veces, recibiendo dinero de
gentes que querían hacer daños a otras personas desprestigiándolas y
ridiculizándolas.” Aunque el perfil de Destapes
es la chismografía de la farándula y el espectáculo, su director no desaprovecha las oportunidades de generar ingresos en otros rubros. Por eso le llevó al
ingeniero unas comprometedoras fotos de una lujuriosa fiesta que tuvo lugar dos
años antes en Chosica, una apartada localidad de las afueras de Lima. Un
acontecimiento que, después de un frustrado intento de chantaje, desata una
agitación mediática cuyas consecuencias son imprevisibles. Vargas Llosa
dosifica muy bien los conflictos y secretos que conviven en el desarrollo de la
historia. Hace una descripción acertada de las angustias que viven los personajes
afectados por una prensa que suprime su capacidad de empatía en la falsa
creencia de que el fin justifica los medios. Sin embargo, la historia gira y nos muestra que el periodismo ejercido con ética y ecuanimidad es
una herramienta de control y garantía cuando se viven momentos de
avasallamiento social. Aunque sobre final del libro se desdibujan un poco los
perfiles emocionales de los involucrados en relación con las experiencias
vividas hasta ese momento, es una novela sumamente recomendable por la
elegancia de su prosa y porque la narración nos atrapa desde la primera
página.
Título: Cinco esquinas
Autor: Mario Vargas Llosa
Editorial: Alfaguara
lunes, 13 de julio de 2015
La ignorancia
Llegará un día en que ya
no habrá poesía,
Cuando estemos cerca de
la cima de nuestra evolución
Y seamos dioses y lo
sepamos todo
Y no será necesario
nombrar nada, ni decir algo
No habrá bibliotecas, ni
libros, ni cartas, ni garabatos en un papel
Ya no existirá el Arte y
ni las noticias del mundo
Estaremos en silencio bajo
el sutil sonido del universo expandiéndose
Sabiéndolo todo, todo el
tiempo, en la inmanencia del conocimiento
Entonces, extrañaremos
la ignorancia, el descubrimiento por hacer,
La historia por
imaginar, la incertidumbre de vivir,
la sorpresa tras el
párpado del día
viernes, 26 de diciembre de 2014
Tránsitos
Emociones cansadas de tanto circular
dejan surcos en la vida cotidiana
zonas inundables a mi alrededor
agujeros negros por donde caemos a dimensiones
raras
pero posibles
padecemos mutaciones, desfiguraciones, bastardeos
apóstrofes cruzados
Entramos y salimos de recónditos universos
alternativos
que nos atrapan furtivamente
cuando las emociones no respetan las normas de
tránsito
Marcelo, diciembre 2014
La palabra
Que no se pierdan las palabas que acarician,
que aman, las palabras que erizan de emoción, las
que abren caminos y almas,
las buenas palabras y las palabras buenas.
Que no se pierdan tus palabras guardadas en mi
corazón,
las que nacen en la intimidad del abrazo, las que
estimulan,
las palabras desnudas, las aparecidas de pronto,
las bien dichas,
las que imaginan vidas y mundos mejores.
Que no se pierdan las palabras que pueblan, que
arraciman,
que unen, que celebran, que curan.
Las que piden amor y las que lo dan,
las que gratifican,
las que gratifican,
las del primer amor, las del último amor
y las del amor de toda la Vida.
Que no se pierdan las palabras de quienes las
tienen prohibidas,
las amordazadas, las palabras valientes y justas,
que no se pierda la palabra dada.
Que no se pierda la palabra.
Marcelo, diciembre 2014
El lado artesanal de la Vida
Parece necesario arrancarle los clavos al Cristo y bajarlo de la muerte ejemplarizante. Hay que aceptar que el milagro de la vida deambule entre nosotros. Parece que hay que volver al Pez del cristianismo primitivo como símbolo de fe, de fecundidad y abundancia. Desde hace 2.000 años la mala nueva es que alguien murió por nuestra culpa. Ya conocemos demasiado de la muerte y de la culpa. Las noticias del mundo son partes médicos de un moribundo. Como si hubiese que abandonar toda esperanza, como si vivir tuviera una larga lista de contraindicaciones. La consigna es salvarse de la ansiedad nuestra de cada día consumiendo cada vez más. Nada debe oler a usado. Todo tiene que ser nuevo, sorprendente y fácil de usar. Tiene que ser rico y adictivo. Hemos perdido la capacidad de esperar pacientemente la ineludible construcción de las cuestiones importantes de la existencia y del valor del tiempo de aprendizaje, de preparación del viaje. Transitamos por la cultura de la hipervelocidad, sin tiempo para las escalas ni para mirar a los costados. Sin reparar en la periferia del mundo donde sobreviven las criaturas sin oportunidad, tribalizadas y discriminadas. Criaturas exiliadas de la prosperidad y la comodidad. Seres de otro mundo que viven en una subcultura cuyos códigos de convivencia parecen difíciles de comprender por quienes corren a ponerse a salvo. Así el mundo se divide cada vez más hasta no reconocernos, fomentando el aislamiento social, las sensaciones de injusticia y venganza, los estímulos para reclamar por medios deshonestos y violentos estar a salvo. Así se naturaliza la delincuencia, la violencia intrafamiliar, los padres y las madres que roban y que matan como modelos para niños que viven situaciones de estigmatización de su entorno social y que establecen vínculos con niños que viven situaciones familiares similares. Esto los deja en un profundo estado de vulnerabilidad en el cual terminan imitando los modelos de los adultos cercanos o calmando la intemperie emocional a través del consumo de drogas. Entonces, se activan los eventos cíclicos de niños que roban y matan y se convierten en “menores” y más tarde en “adultos con antecedentes penales”, a los que hay que combatir con más balas y grilletes. Son lo que pueden ser. Sin embargo, también subyace la violencia en entornos que parecen tener todo para ser felices. La hipocresía y el secretismo atraviesan todos los estratos sociales. La crisis de fe en acciones constructivas y positivas hace difícil establecer vínculos sanos y nutricios. Los referentes han sido eclipsados por una cultura superficial y banalizadora de toda mirada profunda y esclarecedora. La crisis social es más grande y compleja que la rotación de los partidos políticos en la administración de un gobierno. Es que la desintegración social es un negocio rentable para las empresas globales más poderosas que los países. Ellos imponen sus reglas al mundo y mantienen funcionando la rueca del dinero. Nuestra percepción del mundo la fabricamos con fragmentos de información de dudosa fiabilidad. Los informativos son desinformativos y deformativos. Hoy vivimos en la oscuridad absoluta y sin rumbo cierto, experimentamos el hondo desconcierto de la falta de certezas en un mundo peligroso y al acecho. Y aun, cuando eso puede causar la parálisis de la perplejidad es también cierto que la falta de referentes nos da la enorme posibilidad de innovar, de crear algo nuevo. Si admitimos esto podemos ver que no estamos en un mundo sin esperanzas. Es la oportunidad de hacer e involucrarse en hechos que cambien nuestra zona de influencia. Que hagan nuestro entorno mejor. Es necesario rescatar el valor artesanal de la vida. La construcción paciente de los vínculos, de la familia, de los objetos. Todo tiene un tiempo y un espacio. Un tiempo para ser aprendido. Disfrutar el proceso de crecer y de lograr nuestros objetivos a velocidades humanas. Debemos evitar el quererlo todo y quererlo ya. Debemos aprender a transitar por el fracaso con una mirada comprensiva e integradora. Está bien y es necesario equivocarse. Es la forma de aprender conscientemente. Quienes pretendan ahorrarse el camino terminarán caminando más ligero que sus pies y tropezarán más veces de las necesarias antes de saber levantarse. La Vida es fundamentalmente construcción paciente y artesanal de las habilidades. Los invito a dejar salir la creatividad y la pasión por un mundo más auténtico e imperfecto; y no artificial y perfecto, como recién comprado aprovechando los últimos descuentos del shopping de turno. ¡Feliz 2015 para todos!
Marcelo
martes, 7 de octubre de 2014
Frágil
En sus ojos habita toda
la luz del mundo
Solamente, cuando me miran,
vuelvo a nacer
Yo soy barro y cenizas,
sedimento intergaláctico,
Milagro latente
La arenisca prehistórica sube
a la superficie enchumbada en petróleo
Incendiándose con tu presencia
Tú activas los prodigios en
mis costas solitarias
Nuestros dolores son el
punto de equilibrio, tan frágil
Que amenaza nuestra
existencia
domingo, 7 de septiembre de 2014
Sin mí
Convertido en un habitante del humo
Aleteo en la espesura
A ras de un mundo azotado por franjas de gasa
Bajo el hechizo de una primavera oscura y
peligrosa
Proliferan criaturas secretas de extraños
chillidos
El tiempo toca las fibras ópticas del alma
gastando sus surcos
Nada escapa a la condición de obsolescencia
Y la espera es un acto de subversión
Tras la reja la intemperie es más desoladora
La negrura enceguece y el cielo es espeso como el
barro
De nada sirven las alas en un firmamento sin rutas
Sin vientos que sueñen
Sin mí
miércoles, 29 de enero de 2014
La guerra del juego
Se agazapó contra el suelo, sus pupilas se
dilataron, la respiración se hizo más intensa y rápida, ensanchó las fosas
nasales y apretó en su mano el tronco que llevaba como arma, la sangre fluyó
hacia sus piernas y brazos llevando más adrenalina. El mundo era el enemigo,
nada más. Los pies se apretaron contra el suelo y comenzó a correr. El
depredador inició la cacería, se acercó a la presa y alzando sobre su cabeza el
palo lo impulsó con todas sus fuerzas para asestar el golpe fatal sobre el
adversario. Siguió naturalmente el instinto de supervivencia. El madero bajó
cortando el aire para destrozar el cráneo de la indefensa víctima. Sólo así el
fanático hincha de un equipo de fútbol se siente a salvo de la amenaza de los
colores del enemigo, como si la vida fuera nada más que un enfermizo arrebato.
miércoles, 25 de diciembre de 2013
Buscadores de la divinidad
Llevamos la finitud en nuestros
genes, soñamos con el fin de los tiempos en el borde del mundo, cuando
imaginábamos que era como un plato. Los mitos son vestigios evolutivos de
nuestras sensaciones intrauterinas, de cuando estábamos en el Paraíso oscuro y
tibio, acuático e ingrávido; antes ser expulsados para conocer el mundo y ver
la luz que ciega los ojos. Empujados al canal de parto reptamos forcejeando por
sobrevivir. Nacer es un acto desagradable para el que nace. Apenas intuimos con
nuestras primitivas sensaciones que para vivir hay que llegar al final del
túnel donde está luz. Nacer y morir se parecen. Quizá morir es otro nacimiento,
la transición a otro estado de la vida. Somos seres divinos que vamos perdiendo
el brillo al transcurrir los años de culturización. Nos transformamos en rebeldes
de la constitución natural del mundo. Los animales nacen sin perder el Paraíso,
viven sin preguntarse, solo transitan con plenitud su presente. Nosotros, los
humanos, impugnamos el mundo, lo infestamos, lo modificamos a nuestra imagen y
semejanza para añorar siempre la divinidad perdida. Nuestro objetivo es volver
a la divinidad, pero sin resignar el conocimiento de cómo funciona el universo.
Una comprensión que no sabremos si los animales que llamamos inferiores la
tienen (o si la necesitan). Cuando nace un pichón humano nace un buscador eterno y errante,
perdido en el inconmensurable mar de la Vida. Sin embargo, no creo que sea
necesario dejar de saber como funciona el mundo para hallar la divinidad. Acaso,
nuestra divinidad está en las cosas simples: en el abrazo apretado y sentido,
en la pausa reflexiva antes de decir algo que lastime a otro, en un acto
solidario cualquiera, como ceder el asiento a alguien, o saludar a la gente por pura gentileza. Nuestra
divinidad está en la postura flexible y comprensiva frente a los gestos ajenos
que nos duelen y en la imposición de límites sin que eso signifique atacar la
personalidad del otro. Nuestra divinidad aparece también cuando escuchamos al
otro atentamente y cuando actuamos con espíritu constructivo en beneficio de un
mundo mejor. Nuestra divinidad llega cuando logramos hacer todo esto sin dejar
de ser fieles a nuestro propio Sentido de Vida. Sin duda, la divinidad es una forma de
vivir y de concebir el mundo. Les deseo que en esta Navidad y este 2014 que
comienza encuentren su propia divinidad para disfrutarla y para que el mundo
evoluciones hacia una lugar mejor, más justo y solidario.
¡Felicidades!
Marcelo
martes, 30 de julio de 2013
La respuesta
Una luz áspera y dura le lastima los ojos.
Ella, Patricia Da Souza, siente claustrofobia y un calor sofocante en aquella
pequeña celda. Suspira como descomprimiéndose.
A unos metros de la celda está el inquisidor
que se menea vagamente entre los arcos de luz. Él espera y Patricia piensa
tenaz y sufridamente. Busca una respuesta huidiza que se confunde entre otros
nombres y otras fechas. Aparecen lugares, agendas, rostros, sabores, aromas,
abrazos, plazas, bibliotecas. Aparece el inquisidor que aún espera y carraspea.
Patricia por momentos parece agonizar en los
vértigos fugaces de la memoria. Aquella respuesta –que duda si perder o
encontrar- le muestra una antología de sí misma, un collage contaminado
peligrosamente de vida privada. Recuerda a Juan, su marido, diciéndole que la
ama mientras la abraza; a los niños, Polet y Líber, llegando descalzos y
alegres, buscando cobijarse en su cama. También recuerda la última vez que vio
a sus padres; a Pedro, su hermano, trayendo la bandeja del asado; y a su
hermana Verónica contando un chiste que le hicieron en le facultad. De pronto
recuerda al inquisidor que sigue ahí, pisoteando su impaciencia como un perro
enjaulado.
Los tiempos se agotan, piensa Patricia y
transpira bajo los focos que la iluminan como una lluvia de agujas. Baja la
mirada. ¿Cuánto tiempo habrá pasado?. Una eternidad. No puede haber
distracciones, eso sería imperdonable, una traición. Mira sus manos sobre
aquella diminuta mesada y se aleja para adentro. Vuelve a las fechas y a los lugares.
Recompone lentamente la ventanilla de un ómnibus y la orografía de la avenida
Ocho de Octubre reptando en los vidrios. Una hora pico, la gente apretada en el
pasillo y un bullicio veraniego. Más remotos se oyen los motores y las bocinas.
A su lado está sentado alguien obeso –en los ómnibus llenos todos son obesos- ,
una mujer quizá.
Patricia recuerda las páginas de aquel
cuaderno en sus manos, las formas de las letras y el espesor del papel entre
sus dedos. Vuelve a leer en el recuerdo lo que ella estaba leyendo. Apenas
restaura frases sueltas. Las letras se desdibujan y apenas llegan a ser
ejércitos de manchas alineadas metódicamente. Piensa en la pregunta del
inquisidor. Un nombre es suficiente. Un nombre y se sentirá en paz. Fuerza sus
ojos a mirar el recuerdo más minuciosamente, sin embargo escucha una cumbia y
una voz de celofán arrugado... ...que sin
temor a equivocarme, en los comercios de la capital, lo abonarán de veinte a
veinticinco pesos la unidad. Pero hoy, por tratarse de... Al vendedor, algo
desaliñado y sucio, le volcaron la piel sobre los huesos y así lo largaron por
la vida. En el recuerdo Patricia sintió lástima por aquel hombre, pero ahora le
provoca fastidio. No el hombre, sino la burocracia morosa de la memoria.
Necesita que su recuerdo lea. Si al menos pudiera modificar el pasado,
manejarlo a su antojo.
Sus ojos del pasado contemplan un momento al
vendedor, después miran la ciudad y vuelven al
cuaderno. Patricia sigue ansiosa sus movimientos del ayer. Vuelve a
recordar las páginas y aquella caligrafía suya en tinta azul. Lee la Patricia
del pasado junto con la Patricia del presente. El recuerdo de sí misma y del
ómnibus se contamina y se eclipsa con las imágenes que surgen de los apuntes.
La respuesta está cerca.
Patricia ve al inquisidor desde el fondo de
su pasado y ve un rostro tenso y limpio bajo un peinado corto, engominado y
brillante. Percibe una espera ansiosa y última restregando aquellas manos.
Patricia por fin tose y teme que se le
estrangule la voz. Su boca se mueve con cierto temblor de inseguridad y miedo.
-
Fue...
fue Manuel Gonzáles- Los ojos le quedaron colgados en el rostro del inquisidor.
Buscan una reacción y un pronóstico. Pasan mil años sin respirar.
El inquisidor mira a un costado donde se
encuentra el jurado y sonríe como evitándolo.
-
¡Si,si,si!...
¡Efectivamente! ¡Manuel Gonzáles es la respuesta y nuestra participante número
cinco se lleva los doscientos dólares de ésta noche...!
Patricia Da Souza suspira otra vez y se
emociona mientras se saca los auriculares y gira en su silla. Llora.
martes, 25 de junio de 2013
El exorcista
Hoy estoy caminando a tientas por mis corredores oscuros. Siento el vértigo del espacio invisible que se abre ante mí. Es un lugar que reconozco, es donde habitan mis miedos. Los demonios me acechan, como si supieran que mis pies están hundidos en el espeso barro de la superstición. Entonces, escribir es un exorcismo, un conjuro que me rescata de mí mismo.
Marcelo Rodríguez
Marcelo Rodríguez
lunes, 20 de agosto de 2012
La conjura
Desde que comenzó el período de la
Ilustración ha cambiado mucho en nuestra manera de percibir el mundo. Nos hemos
alejado del modelo monoteísta absoluto para iniciar el camino de la Duda y la
búsqueda a través del método científico. Ésta metodología comenzó a reemplazar las
respuestas divinas dadas por la fe y la pontificación, condicionando y
reforzando el concepto de individuo. La cultura occidental comenzó a iluminar
todos los aspectos de la vida con las luces de la ciencia, transformando sus
organizaciones sociales, los conceptos morales y sus ideas acerca del lugar que
ocupa el ser humano en un cosmos cada vez más complejo y en continua expansión.
Así fueron posibles la invención los Derechos Universales del Hombre, la
Revolución Industrial, el capitalismo y la globalización, entre otros hitos
importantes. Hoy padecemos una sensación de superficialidad de la vida, donde
todo es descartable y comerciable. Los grandes referentes en los distintos
campos de la cultura y el conocimiento parecen haber desaparecido. Nuestra
sociedad parece haber llegado al umbral del que, una vez atravesado, no hay
retorno. Las últimas grandes ciencias del período de la Ilustración, la Física
y la Psicología, nos han llevado a la frontera final. A través de éstas sabemos
que nuestro sustrato es energía, que el universo está hecho de una singularidad
subatómica y que nuestro sentido del Tiempo es una ilusión. Sin duda, aquí nos
toparemos con infinidad de explicaciones filosóficas que aportarán su visión
metafísica. Sin embargo, no dejo de sorprenderme cuando consideramos que por
existir hace unos cuantos miles de años en la Tierra ya deberíamos haber
superado ciertos aspectos de nuestra forma de estar en el mundo. Los seres
humanos aun convivimos con la primitiva irracionalidad que nos hace oscilar
entre ser dioses o bestias. Por eso nuestra paleta de capacidades va desde de
salvar vidas de miles de condenados a muerte por las atroces hambrunas en
comunidades saqueadas por las sociedades más ricas hasta descargar bombas
atómicas sobre centros poblados. Sí, somos hombres-lobos, vampiros y
consumistas de todo lo vendible, incluso los vínculos y los afectos toman
formatos mercantiles y negociamos con el amor de los otros. El robo y la
explotación forman parte de nuestra vida y nos han educado para aceptar que así
sea. Los informativos, las películas de acción, los realityshow, inoculan lentamente nuestra capacidad de reacción, nos
anestesian los sentidos y nos domestican para sentir miedo, para imaginar que
vivimos en eterno peligro cuyo remedio es consumir lo que sea para sentirnos
seguros y felices, para aplacar la ansiedad de movernos en un mundo inseguro.
Nos inducen a imaginar que teniendo un arma en la mano somos poderosos como
superhéroes y nos habilita a impartir justicia por mano propia o apropiarnos de
lo ajeno como forma de venganza, o nos distraen mostrándonos la intimidad de
otros, exponiendo impúdicamente una vida para que opinemos y proyectemos
nuestras frustraciones y debilidades. Sí, nos rodean los distactores, los sonajeros
y las guirnaldas, como si fuéramos bebés a los cuales nos dan un placebo para
confundirnos. Lo mejor es elegir cuándo, cómo y por cuánto tiempo nos entretenemos.
Sin duda, existen infinidad de opciones. En mi caso, lo hago leyendo,
enriqueciéndome con ideas, conceptos y palabras, que es la manera más sana y
curativa de deleitarnos. Por eso considero que apagar la tele para abrir un
libro es un acto revolucionario. Los invito a formar parte de la conjura.
Marcelo Rodríguez
jueves, 7 de junio de 2012
La civilización del espectáculo
“Este ensayo no aspira a abultar el
elevado número de interpretaciones sobre la cultura contemporánea, sólo a dejar
constancia de la metamorfosis que ha experimentado lo que se entendía aun por
cultura cuando mi generación entró en la escuela…” Así establece Vargas Llosa al
comienzo de su último libro La
civilización del espectáculo, desde donde analiza el mundo en que vivimos. Es
un ensayo anacrónico y autorreferencial, porque mixtura los capítulos con
antiguos artículos propios bajo el título de Antecedentes, que resulta ser un formidable y ameno diagnóstico de
nuestro tiempo. Para introducir al lector en el tema analiza someramente
algunos ensayos, de la enorme cantidad que existen acerca del tema, en los
cuales se basa para afirmar o negar algunos conceptos que después profundiza en
su análisis. Sin duda, el ensayo Notes
towards the definition of Culture de T.S. Eliot, publicado en 1948, es el
estudio que más ha seducido a Vargas Llosa y de la que toma, entre otras, la
idea de que la alta cultura debe ser custodiada por una elite. “T. S. Eliot
afirma que la alta cultura es patrimonio de una elite y defiende que así sea
porque, asegura, es condición esencial para
la preservación de la cultura de la minoría que continúe siendo una cultura
minoritaria. (p. 107). Al igual que la elite, la clase social es una
realidad que debe ser mantenida pues en ella se recluta y forma esa casta o
promoción que garantiza la alta cultura, una elite que en ningún caso debe
identificarse totalmente con la clase privilegiada o aristocrática de la que
proceden principalmente sus miembros.” Si bien, el autor continúa su estudio reflexionando
y contestando a los autores de otros ensayos, no aporta nada novedosos en sus
ideas. El libro se transforma en una bella catarsis de un hombre enojado que se
lamenta por la autoridad perdida de una elite que, según él, debe custodiar la
alta cultura. Su análisis es contundente y duro, y se despacha a sus anchas con
una infinidad de temas: literatura, cine, música, erotismo, adolescencia,
prensa, etc. Sin embargo, no vamos a encontrar nada distinto de lo que ya sabemos
acerca de nuestro tiempo, sencillamente coincidiremos o no con algunas
opiniones del autor. No obstante, disfrutaremos de la elegancia de su escritura.
Es imposible terminar el libro sin tener la sensación de que se ha disfrutado
de una buena lectura. Además de esto, el mérito que tiene el trabajo de Vargas
Llosa es la oportunidad en la que sale este libro. Es el primero después de
haber sido galardonado con el Premio Nobel, es por tanto, un momento de especial
expectativa. Intuyo que el autor, con plena conciencia de esto, lanza esta
explosiva arenga al mundo, cuya lectura amena y sencilla amplifica su capacidad
de llegada a lectores menos exigentes. Quizá, el objetivo del autor sea, precisamente,
generar la reflexión acerca de los tiempos que vivimos. Si es así, logra
holgadamente el propósito, pues, es un ensayo intensamente provocador que
estimula las ganas de debatir.
Marcelo Rodríguez
sábado, 5 de mayo de 2012
En las noches de apagón
En las noches de apagón
la luz huele a cebo
entonces
es más fácil ser humano
sentir miedo
perderse
imaginarse
o temblar.
En las noches de apagón
mi lecho es de pétalos y plumas
entonces
se escucha más fácil la vida
en su semilla
en mi búsqueda
desesperada
a tientas.
En las noches de apagón
te convido una parte del silencio
y te hago cómplice...
En las noches de apagón
un soplido y el amor...
la luz huele a cebo
entonces
es más fácil ser humano
sentir miedo
perderse
imaginarse
o temblar.
En las noches de apagón
mi lecho es de pétalos y plumas
entonces
se escucha más fácil la vida
en su semilla
en mi búsqueda
desesperada
a tientas.
En las noches de apagón
te convido una parte del silencio
y te hago cómplice...
En las noches de apagón
un soplido y el amor...
Marcelo Rodríguez
La casa abandonada
“...y yo pasaba los ojos por ella
como si viera una planta que
hubiera crecido contra el muro
de una casa abandonada.”
Y nadie encendía las lámparas
Felisberto Hernández
Sentí su abandono en ese lugar de nadie,
en ese baldío infectado por la memoria:
el trozo de una botella,
las vísceras de una pared que la tierra devora,
papeles que el viento leyó hasta aquí
y un clavo que sostuvo cuadros
y que ahora se pudre olvidado en el muro.
La miré hasta que el sol comenzó a desinflar la luz
y las sombras estiraron sus brazos a la geografía de siempre.
La miré hasta que sentí deseos de abrigar a alguien.
El tiempo fue viciando los ojos que ya no distinguían perfiles
y que empezaban a mirar con las manos, anunciando lo inevitable,
lo que nadie vería,
ni siquiera nosotros.
Marcelo Rodríguez
viernes, 4 de mayo de 2012
Peregrino
Una grieta en la luz
una voz de arena
algo que estremece como un trueno y convoca
la humedad
un sudor a tristeza
y las uñas del dolor rasgando entrañas
Así te encontré gemido de ángel
frente a un espejo sin luz
bajo un cielo amordazado y plomizo
batiendo tu mano ciega reclamando un hombro
un bastón
un lazarillo
que ayude a vivir y no sólo a durar
¿Quién llenó tus pulmones de polvo?
Llego como un peregrino y me miro en tu luz
traigo fuegos y horizontes
vengo convidado muletas...
Marcelo Rodríguez
sábado, 14 de abril de 2012
Selva
Las fronteras cada vez más cercanas
están húmedas,
anegadas de lluvias, de barro y vegetación.
Las fronteras bajo el algodón
de las nubes, mullidas, incontinentes.
Las fronteras son la selva,
tu selva,
mi selva.
La selva es nuestra frontera,
más cerca,
aquí.
están húmedas,
anegadas de lluvias, de barro y vegetación.
Las fronteras bajo el algodón
de las nubes, mullidas, incontinentes.
Las fronteras son la selva,
tu selva,
mi selva.
La selva es nuestra frontera,
más cerca,
aquí.
miércoles, 24 de agosto de 2011
Los huesos de Descartes
Autor: Shorto, Russell
Págs.: 305
Editorial: Duomo
El libro comienza ubicándonos en Estocolmo “un crudo día de invierno de 1650” en que murió René Descartes, el pensador de origen francés más influyente y controvertido de su tiempo. Bajo el influjo de su pensamiento Europa comenzaba a transitar un nuevo tiempo: el modernismo. Es que en 1637, a partir de la publicación del libro Discurso del método, para bien dirigir la razón y buscar la verdad en las ciencias (y que circuló por las calles de París, Roma, Londres y Ámsterdam), “el cuestionamiento de lo que hasta entonces se consideraba un sistema absoluto de valores y verdades resultó tan incisivo y desconcertante que personas de todos los ámbitos, desde papas hasta personas corrientes con la suficiente instrucción para leer[…], vieron que la situación era una crisis.” Una crisis de fe tan profunda que dio inicio a cambios en la forma de ver y de interpretar el mundo. El materialismo se impuso como nuevo paradigma y las ciencias comenzaron a tomar protagonismo. Los viejos poderes asociados a la iglesia comenzaron a desmoronarse a medida que crecía el individualismo cartesiano que dudaba y desconfiaba de todo lo no se pudiera medir ni tocar.
El autor nos va mostrando los paulatinos cambios que se suceden en las sociedades europeas, los desvelos y las luchas entre creyentes y cientificistas, las censuras y las revoluciones, los erráticos avances del conocimientos científico que centraban su atención en la medicina, que de alguna manera explicaban el lugar del ser humano en la obra de Dios. Mientras estos cambios siguen su curso los huesos de Descartes, que eran venerado y odiado por igual, son desenterrados y devueltos a Francia. Trasladado por peligrosos y desolados caminos, iniciando así un extraño peregrinaje. Parecen perderse, se extravía el cráneo, después aparece más de un cráneo, se abren investigaciones para determinar su autenticidad, se descubren inscripciones y poemas en latín tallados en el hueso que brindan pistas del presunto periplo de la reliquia más amada por los franceses. Una trama policial que llega hasta nuestros días, como si el propio Descartes acompañara la transformación del mundo a la que dio origen.
Leer el libro es repasar la evolución reciente del hombre occidental, es ver su lugar en el universo. Porque el autor concluye el libro con interesantes entrevistas a personas que se posicionan en los extremos de la Ilustración radical y del fundamentalismo religioso. Miradas contrapuestas, pero que nos enriquecen. Un libro disfrutable de principio a fin y escrito con elegancia y fluidez. Un libro luminoso, del cual aprendemos que la lucha entre fe y razón no ha sido tan extrema. “Creo que el pensamiento moderno utiliza pautas derivadas del campo teológico. Los conceptos bíblicos han facilitado el avance de la ciencia.”, concluye un erudito sacerdote y que resume el espíritu que palpita en esta excelente obra.
Marcelo Rodríguez
viernes, 1 de julio de 2011
Escuchar(nos) Hacia una comprensión de los demás... y de uno mismo
Título: Escuchar(nos)Autor/a: Castañeda, Marina
Editorial: Taurus
Págs.: 254
Vivimos en tiempos donde la comunicación se desarrolla a ritmo vertiginoso. Sin duda, estamos en la era de las comunicaciones. Sin embargo, nada parece indicar que nos entendamos mejor. Entonces, es cuando un ensayo como “Escuchar(nos)” se hace imprescindible. María Castañeda, su autora, nos propone una exploración de la capacidad humana de escuchar, y para ello parte de la interrogante de si la escucha es una facultad natural o aprendida. El recorrido lo empieza en la evolución biológica de nuestro aparato auditivo y cómo éste “amplifica algunas frecuencias y atenúa otras, y convierte la energía acústica de las ondas sonoras originales en energía mecánica, hidráulica, química y finalmente eléctrica, bajo cuya forma llega al cerebro para ser interpretada.” El cerebro recibe del mundo exterior 11 millones de bits de información, de los cuales apenas llegan a nuestra conciencia una millonésima parte del total. En esto juega un papel preponderante la atención que le dispensamos a los estímulos externos. El libro también le dedica una parte a la evolución histórica y social de la escucha y cómo la influencia del individualismo, el progreso industrial y la populosa vida urbana han modificado lentamente nuestra manera de escuchar al otro. Ese progreso propició el advenimiento de la era del ego, en la que aparece la sicología como disciplina y que define una escucha espacializada de acuerdo a la corriente terapéutica a la que se afilia. La autora en su calidad de sicóloga la distingue especialmente de la escucha social del entorno cercano de familiares y amigos. Sin duda, la última novedad en la escucha son las redes sociales. Ese territorio virtual nos genera la ilusión de que lo que decimos es importante para otros y nos genera ansiedad y exigencia de respuestas inmediatas. Sin duda, vivimos tiempos que atentan contra la escucha plena del otro, donde los territorios del silencio son cada vez más escasos y donde la buena escucha, la que practicaron los griegos alguna vez y a la cual volvimos en la Francia del siglo XVII y XVIII, tienen pocas posibilidades de desarrollar el arte de la conversación, “que se contrapone a nuestro impulso “natural” de hablar más y primero, de ganar y dominar…”.
Un libro disfrutable de principio a fin. Sin duda, un libro que nos modifica y nos enriquece como una buena conversación.
Marcelo Rodríguez.
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